Nadie sino el pueblo me llama “Evita”

Solamente aprendieron a llamarme así los “descamisados”. Los hombres de gobierno, los dirigentes políticos, los embajadores, los hombres de empresa, profesionales, intelectuales, etc., que me visitan suelen llamarme “Señora”; y algunos incluso me dicen públicamente “Excelentísima o Dignísima Señora” y aun, a veces, “Señora Presidenta”.

Ellos no ven en mí más que a Eva Perón. Los descamisados, en cambio, no me conocen sino como “Evita”. Yo me les presenté así, por otra parte, el día que salí al encuentro de los humildes de mi tierra diciéndoles “que prefería ser «Evita» a ser la esposa del presidente si ese «Evita» servía para mitigar algún dolor o enjugar una lágrima”.

 Mi nombre de pueblo

Y, cosa rara, si los hombres de gobierno, los dirigentes, los políticos, los embajadores, los que me llaman “Señora” me llamasen “Evita” me resultaría tal vez tan raro y fuera de lugar como que un “pibe”, un obrero o una persona humilde del pueblo me llamara “Señora”. Pero creo que aún más raro e ineficaz habría de parecerles a ellos mismos. Ahora si me preguntas qué prefiero, mi respuesta no tardaría en salir de mí: me gusta más mi nombre de pueblo. Cuando un pibe me nombra “Evita” me siento madre de todos los pibes y de todos los débiles y humildes de mi tierra. Cuando un obrero me llama “Evita” me siento con gusto “compañera” de todos los hombres que trabajan en mi país y aun en el mundo entero. Cuando una mujer de mi Patria me dice “Evita” yo me imagino ser hermana de ella y de todas las mujeres de la humanidad.

Todos un poco más felices

La verdad es que, sin ningún esfuerzo artificial, sin que me cueste íntimamente nada, tal como si hubiese nacido para todo esto, me siento responsable de los humildes como si fuese la madre de todos; lucho codo a codo con los obreros como si fuese de ellos una compañera más de taller o de fábrica; frente a las mujeres que confían en mí me considero algo así como una hermana mayor, en cierta medida responsable del destino de todas ellas que han depositado en mí sus esperanzas. Y conste que no asumo así un honor sino una responsabilidad. Creo que cada uno de los hombres y mujeres que componen la humanidad debiera por lo menos sentirse un poco responsable de todos los demás ¡tal vez seríamos todos un poco más felices!

Estar con el pueblo

Reconozco, eso sí, que en el fondo, lo que me gusta es estar con el pueblo, mezclada en sus formas más puras: los obreros, los humildes, la mujer… Con ellos no necesito adoptar ninguna pose de las que me veo obligada a tomar a veces, cuando hago de “Eva Perón”. Hablo y siento como ellos, con sencillez y con franqueza llana y a veces dura, pero siempre leal. Nunca dejamos de entendernos. En cambio, a veces, “Eva Perón” no suele entenderse con la gente que asiste a las funciones que debe representar.

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