Los compañeros fusilados en 1956

Por Roberto Baschetti*

Valle antes de ser fusilado le envía una carta a Aramburu que comienza diciendo “Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado”. Para luego predecirle: “Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo, las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos.”

Noche del 9 de junio de 1956. El coronel Rubén Berazay es el responsable de intentar tomar la unidad militar de Campo de Mayo. Él es parte del Movimiento de Recuperación Nacional de filiación peronista comandado por los generales Juan José Valle, Raúl Tanco y Oscar Lorenzo Cogorno. Los secundan los coroneles Alcibíades Eduardo Cortines y Ricardo Salomón Ibazeta entre otros militares. Cabe recordar que desde septiembre de 1955 nuestro país está regido por una dictadura cívico-militar, regida por el binomio Aramburu-Rojas, que desalojó del poder –por la fuerza de las armas- a Juan Domingo Perón, presidente constitucional re-elegido con el 62,49% de los votos en 1952.

Los complotados se enteran que el gobierno de facto está al tanto del levantamiento pero deciden seguir adelante con sus planes. Algunas instalaciones del cuartel son tomadas. Inexplicablemente, Berazay, con el pretexto de efectuar un llamado telefónico, sin avisar, abandona a sus camaradas, detiene un automóvil en la ruta 8 y al llegar a Capital se asila en la embajada mexicana en Buenos Aires.

Ola de revancha y terror

Mientras tanto, alertado, el Jefe Militar de Campo de Mayo, general Juan Carlos Lorio intima a Ibazeta y Cortines a rendirse. Estos que esperaban las órdenes de Berazay que nunca llegaron y la transmisión radiofónica de una proclama revolucionaria que nunca salió al aire y sopesando la inferioridad numérica y militar con que contaban, a las 2 de la madrugada del 10 de junio de 1956 se rinden y son apresados. Una hora más tarde llega la noticia desde las altas esferas de poder de aplicar la Ley Marcial a los rendidos. Ante esta situación, Lorio convoca a un Consejo de Guerra Especial para juzgarlos y ver si les cabía la pena de muerte. El Tribunal Militar formado a tal efecto resuelve no hacer lugar a la Pena de Muerte ya que los sublevados no habían disparado ni un solo tiro. La orden perentoria de arriba se repite: hay que fusilarlos igual.

Desesperada, la mujer de Ibazeta con sus 5 hijos va personalmente a Olivos a pedir clemencia y recibe como respuesta: “El presidente duerme y no puede ser molestado”.

El 11 de junio de 1956, en un lugar de Campo de Mayo –que actualmente está señalizado en la Memoria-, por la madrugada, un pelotón de ocho soldados por prisionero fusila a los mismos.

Parecidas escenas con el mismo final (apresamientos y asesinatos) se viven en otros cuarteles, un basural, una regional policial de provincia y la Penitenciaria Nacional.

Una ola de revancha y terror estremece a la Nación. Juan José Valle, oculto por sus compañeros, ofrece entregarse para que cesen los fusilamientos. Se le dice que respetarán su vida; el marino Francisco Manrique le da su palabra de hombre y de soldado. Se entrega. Fue fusilado, ese mismo día, el 12 de junio de 1956.  En total perdieron la vida por las balas de la anti-patria 31 personas entre civiles y militares.

¡Viva Perón, viva mi Patria!

Muchos de los asesinados ante el pelotón de fusilamiento muestran conductas que los honran. El capitán Jorge Miguel Costales, golpeado alevosamente –con fractura de nariz y pérdida de piezas dentarias- no quiso que le vendaran los ojos y cuando lo pusieron de espaldas a los tiradores, se dio vuelta, se abrió la camisa y gritó: “¡A mí me matan de frente! ¡Viva Perón! ¡Viva mi Patria”!. Ibazeta antes de ser fusilado expresó: “¡No quiero piedad, no quiero lástima, no quiero el perdón de mis enemigos, de los enemigos de mi pueblo!”. Cortines, antes de morir les dijo a quienes lo apuntaban: “Soldados, apunten de la cintura para arriba; las bolas las quiero enteras”. El suboficial principal Ernesto Gareca, antes de ordenarse los disparos que acabarían con su vida, pidió sacarse el capote y dijo: “Puede servirle a un camarada de armas; es nuevo y es una lástima que lo perforen”, en tanto que otro suboficial de la misma graduación –Miguel Ángel Paolini- antes de ser fusilado, tiró su cigarrillo al suelo, dio dos pasos hacia adelante y lo apagó con la punta del borceguí manifestando con un dejo de ironía no exento de percepción a futuro: “Es peligroso dejar algo encendido”. El coronel Cogorno frente al pelotón que iba a acabar con su vida, le propinó un puntapié al banquito donde lo iban a sentar, antes de fusilarlo, no aceptó la venda para sus ojos y murió gritando: “¡Muero por un ideal! ¡Viva la Patria!”. Los civiles peronistas baleados no se quedaron atrás en su bravura. Cuentan que Rolando Zanetta uno de los jefes del levantamiento en La Plata, ya apresado y con graves heridas de metralla que luego ocasionaron su muerte, aún en agonía pero lúcido, escuchó que Desiderio Fernández Suárez, jefe de Policía, le dijo socarronamente “Te vamos a curar y luego te vamos a fusilar”; la respuesta de Rolando no se hizo esperar: “Para mí es un premio a mi conducta que la oligarquía me fusile”.

La violencia oligárquica

Como bien digo en mi último libro “La violencia oligárquica antiperonista entre 1951 y 1964”; todas estas injustas muertes fueron ejecutadas por un gobierno dictatorial que buscaba un escarmiento ejemplar. En algunos casos se aplicó retroactivamente la Ley Marcial a quienes habían sido detenidos con anterioridad a su dictado; en otros, se pasó sobre “la cosa juzgada”, tampoco se tomó en cuenta el desistimiento de la acción armada, que hacen a la primera intimación los apresados  y en otros se aplicó la Ley Marcial cuando ya no estaba en vigencia. Por si faltaran razones para evitar aquellas muertes, la Constitución Nacional prohíbe terminantemente la pena de muerte por causas políticas.

Valle antes de ser fusilado le envía una carta a Aramburu que comienza diciendo “Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado”. Para luego predecirle: “Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo, las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier lugar del mundo donde pretendan esconderse”. Catorce años más tarde, el 29 de mayo de 1970, Montoneros hizo efectiva aquella amarga y dolorosa premonición.       

P.D. EL DIBUJO DE HOMENAJE A LOS COMPAÑEROS FUSILADOS ES DE RICARDO CARPANI Y LA PINTADA EN EL PAREDÓN APARECIO EN UN BARRIO DE BUENOS AIRES. LA PLACA QUE ESTÁ EN EL PISO ESTUVO UBICADA EN PLAZA LAS HERAS (EX PENITENCIA NACIONAL DONDE FUSILARON A VALLE) Y MACRI AHORA LA SACO Y NO SE SABE DONDE ESTÁ.

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