Por Juan D.
Perón
El programa de desarrollo
de la Cuenca
es un programa de
integración física, que consiste
en construir caminos,
puentes, utilizar los ríos,
construir represas, mejorar
y facilitar todos los medios
de comunicación. Pero creo
que en nuestros días, eso ya no es suficiente. He dicho y
repetido varias veces que
el año 2000 nos encontrará
unidos o sometidos. Es ésta
una realidad que se impone
al mundo americano y nosotros
debemos actuar conforme
a ella con la decisión
y prontitud que la celeridad
del proceso requiere.
Es un hecho indiscutible el
que en las distintas regiones
del mundo las naciones se
aglutinen y se unan no para
hacer la guerra en el sentido
clásico sino para defenderse
y defender a sus pueblos
de los peligros inminentes
de una superpoblación y de una superindustrialización.
Se están consumiendo
aceleradamente nuestros
recursos naturales no renovables,
se está contaminando
el planeta, algunos
países enfrentan el problema
de la superpoblación
y otros, como nosotros, la
falta de mano de obra para
impulsar su desarrollo. Y
ese consumo indiscriminado
o extinción de nuestros
recursos naturales no lo hacen
los países americanos
sino otras naciones que los
utilizan en propio beneficio.
De allí la necesidad de unirnos
para defenderlos y para
que su aprovechamiento redunde
en beneficio de sus
legítimos propietarios y de
la región que los circunda.
Necesitamos integrarnos,
necesitamos participar de
nuestros problemas, de
nuestras necesidades, de
nuestras aspiraciones culturales
y sociales. Con esto
quiero decir que la integración
de la que hablo no se
agota en el simple intercambio
o compraventa de bienes
de consumo. La integración
económica es un aspecto
muy importante, pero no
es, en absoluto, toda la integración.
Lo que debemos
hacer es estudiar los procedimientos,
analizar los métodos,
las distintas formas
en que podemos avanzar
en el proceso de la integración
social, cultural, laboral,
técnica y política de nuestro
continente. Debemos poner énfasis en esos aspectos
no-económicos de la integración.
Sé que los Señores
Cancilleres conocen perfectamente
estos problemas,
y que en una y otra medida
comparten estas ideas. Me
he permitido hacer referencia
a la integración porque
creo que allí está el porvenir
de América. Es mi principal
anhelo que nuestros países
comiencen cuanto antes
una tarea efectiva en ese
sentido.


