jorge cocsiaPor Jorge Coscia: Secretario de Cultura de la Nación


Kirchnerismo: Peronismo siglo XXI




El kirchnerismo es un saludable renacer de las mejores intenciones del peronismo original, y sobre todo, la puesta en práctica de sueños que parecían perimidos o imposibles en el autoproclamado “fin de la historia”, durante la larga noche del neoliberalismo. Peronismo y
kirchnerismo están fuertemente entrelazados. Uno explica al otro. En sentido estricto, el kirchnerismo es el peronismo del siglo XXI.

Néstor Kirchner era genéticamente peronista; quién podría dudarlo. Cuando Perón ideó el partido, ya desde el poder, lo hizo con retazos de todas las fuerzas políticas existentes, varias progresistas y algunas abiertamente conservadoras. Esta amplitud de ideas y esta aglutinación de fuerzas diversas está en el gen original del peronismo, y anida en el kirchnerismo tal como lo conocemos. La reunión de
El Calafate que organizaron Néstor y Cristina en 1998, a la que tuve el honor de asistir, fue un encuentro seminal que plantó, básicamente, la idea de que todavía el peronismo podía retomar sus mejores intenciones y encarar su tarea emancipatoria.

Cuando todos se acercaban a la Alianza o se quedaban en el menemismo, que entregaba las banderas históricas a precios de remate, los Kirchner convocaron a El Calafate a quienes pensábamos en aquel entonces que aún había una posibilidad para el peronismo si retomaba el espíritu original, si se acercaba a la raíz de la vida. En ese sentido, no hay duda de que Néstor comprendía que la matriz estaba allí: en las fuentes.

Y lo que siempre expresó – él, que no ocultaba en nada su pensamiento– es que sólo con el peronismo, no alcanza. Es fundamental entender esto.

Los jóvenes, en la arena política

La militancia no es patrimonio exclusivo del kirchnerismo, y el compromiso juvenil tampoco. Lo que es indudable es que, por la cantidad y la intensidad que despierta, hay un fenómeno masivo de jóvenes identificados con el kirchnerismo, que en el resto de las fuerzas políticas no se ve. La politización de los jóvenes, en una dimensión que sorprendió a muchos despistados, es otro de los legados extraordinarios de Néstor, que Cristina recogió como estandarte distintivo de su gestión.

Quienes ya lo veníamos viendo desde hace tiempo y también los que no hemos presenciado un enorme interés de los jóvenes por la política. La movilización no es sólo una cuestión de espontaneidad, sino que requiere organización para que perdure. Recuperar la política significa hacer política y participar.

Involucrarse con el cuerpo

No alcanza con “seguir” a alguien en Twitter. Y en ese sentido, hay que recordar que la movilización, en especial el día de la despedida a Néstor en la Casa de Gobierno, tiene como precedente la existencia, desde mucho antes, de jóvenes comprometidos políticamente.

No puede haber cambio y transformación, por no decir revolución, sin jóvenes comprometidos. Esto ha sido siempre así. El General Sucre, quien ganó la batalla de Ayacucho, tenía 26 años de edad cuando fue el comandante de la última gran batalla de la Independencia. A lo largo de la historia, esto se repite: siempre aparecen los jóvenes como actores centrales. Desde el fondo de los tiempos. Porque los jóvenes están, como dice el poeta, “cargados de futuro”. Porque, en definitiva, están diseñando su propia vida, y no hay mejor diseño que uno colectivo.

Cada vez que viajamos al interior del país, acompañando algún programa de la Secretaría de Cultura de la Nación, estamos en contacto con la gente, intercambiamos opiniones, debatimos, y de pronto, si hay discusión política, se ocupan todos los asientos. Esa misma lógica operó el 17 de octubre de 1945.

Por aquel entonces, a muchos observadores les parecía que las masas trabajadoras brotaban de debajo de la tierra, espontáneamente.

Pero, en verdad, era un proceso que llevaba dos trabajosos años de construcción, y hasta muchos más, porque no pocos de aquellos dirigentes obreros llegaban desde otras fuerzas políticas con espíritu transformador y revolucionario.

Enamorados de los hechos

Siento que estos jóvenes que se sumaron al proyecto nacional y popular durante estos últimos años no sólo se acercaron entusiasmados por las ideas y los proyectos. Creo que lo que hizo que recuperaran las ganas de participar es una realidad objetiva, concreta, tangible. Algo se modificó en su vida cotidiana, en su contexto familiar, en la Argentina en la que viven. Los jóvenes no se enamoraron de los discursos, sino de los hechos. Y no dudaron en dar el paso al frente al advertir el poderío de los enemigos de esos avances.

Cuando nosotros éramos jóvenes, nos movilizábamos por algo que estaba en el futuro, un sueño difuso, pero que sentíamos cercano y posible. Los jóvenes de hoy se vuelcan a la participación también por un futuro, pero con el aval de casi nueve años de transformación y de experiencia política que han visto. Esto es inédito y es uno de los activos más importantes que tenemos.




 


   
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